Libros autografiados a nadie en particular

Estuvimos husmeando con mi esposo en una librería de la calle 2nd de Long Beach, al Sur de California, y entre los estantes ví un cartelito que decía ¨autographed copies¨, que por supuesto me llamó la atención.
Tengo un libro autografiado por el sociólogo estadounidense Mike Davis, que compré usado y siento que estoy en falta, porque la dedicatoria no es para mí, y  me pregunto cómo alguien puede deshacerse de un libro que se le ha dedicado, lo cual le da un valor agregado, es como un símbolo materializado del éxito del autor. Dejo volar mi imaginación y creo que tal vez este ejemplar de Davis fue donado a la biblioteca por hijos que desconocen el valor asignado por el padre difunto.
No pude con mi curiosidad y abrí uno de estos libros al azar. Vean de quién, en el estante superior: ni más ni menos que Isabel Allende, quien vive en el Norte de California. La firma, hecha con tinta negra, se hizo sobre un sticker rectangular que tenía un dibujito en color arriba. Ante la duda si era impresa o no, abrimos otros dos y comparamos, sí, eran firmas originales y suponemos que sí eran de la autora.
(No saqué foto para que no me echaran del local...)
¿Tiene necesidad un autor famoso de promocionar sus ventas con sus firmas al azar? Diría que no.
Y, ¿Cómo se siente comprar un libro con firmas de autor en cientos de stickers, sin que él o ella al menos nos miren a los ojos o nos sonrían? No he de saberlo, hay mucho de personal en aceptar estos autógrafos a nadie en particular.
El sticker podría convertirse en una reliquia con el tiempo. Supongo que si la firma en cuestión fuera la de John Lennon, mis sentimientos serían distintos.
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